lunes, 30 de mayo de 2011

Can Berga



Anjaruca de Telxínoe me hace llegar este escudo de damas encontrado en la casa Can Berga, en Palma de Mallorca, acompañado de este artículo de Bartomeu Bestard, cronista oficial de la ciudad de Palma (los enlaces del relato los he puesto yo).

Colocado estratégicamente en un lugar fronterizo entre la ciudad alta y la ciudad baja, encontramos a un viejo gigante pétreo, testigo privilegiado de la historia de Palma. Can Berga es una de las casas señoriales más relevantes de Palma. Actualmente es la sede del Tribunal Superior de Justicia de Baleares. Esta vieja casa palacio está situada en la plaza del Mercat -aunque su fachada principal fue originariamente la de la calle Santacilia-, muy cerca de otro edificio insigne de la ciudad como es el Gran Hotel.

La historia del edificio se remonta al mismo momento del Repartiment. En el año 1231, el solar de Can Berga, en el que había unas casas de época musulmana, fue cedido a las monjas agustinas. En 1278, las monjas cambiaron su convento por el de los franciscanos que lo tenían cerca de la puerta del Esvehidor. Las monjas ocuparon dicho convento, a partir de entonces conocido como convento de Santa Margarita, hasta la desamortización del siglo XIX en que fue convertido en hospital militar. Por otro lado, los franciscanos se mudaron a la plaza del Mercat, aunque estuvieron poco tiempo, pues les cedieron unos solares junto al Temple, levantando allí su convento, que es el que conocemos en la actualidad. Los franciscanos vendieron el inmueble del Mercat a don Hugo de Pax.

Todas estas cosas sucedieron durante el siglo XIII. Durante trescientos años esta casa se convirtió en la principal de la familia de Pax, hasta que en 1600 pasó al antiguo linaje de los Santacilia, al haberse casado doña Margarita de Pax y Burgues -heredera del inmueble- con don Joan Miquel de Santacilia. Pocos años duró esta familia en la casa pues en 1669 la heredó don Gabriel de Berga y Santacilia, biznieto de Margarita Pax. Así es como la casa pasó al linaje de Berga. Esta familia tenía su casa principal muy cerca de la plaza de Cort, en la actual calle de Palau Reial, esquina con la calle Almudaina. Al heredar don Gabriel de Berga la casa de su madre, su familia abandonó la casa de Cort para trasladarse a la plaza del Mercat. Pocos años después de trasladarse a vivir a Can Berga, don Gabriel de Berga murió asesinado de un disparo en el pecho, defendiendo la causa felipista contra los partidarios del Archiduque Carlos de Austria. Heredó su hijo, don Gabriel de Berga y Zaforteza, persona que llevó a cabo las grandes reformas de la casa (1760), dándole el aspecto actual. Don Gabriel de Berga y Berga, hijo del anterior fue el último de esta familia, con lo que la casa fue heredada por su prima doña Cecilia Zaforteza y de Berga.

De esta manera la familia Burgues-Zaforteza se convirtió en la última propietaria del histórico inmueble, ya que en 1949 vendió la casa al Estado, gracias a la intercesión del presidente de la Audiencia, don Enrique Fernández de Castro. El 12 de junio de 1949, el ministro de Justicia, don Raimundo Fernández Cuesta, firmó la escritura de compromiso para su compra. Después de setecientos años, el edificio de Can Berga se había vuelto a vender. Poco antes, habían intentado comprar la casa, por una parte la Diputación Provincial de Baleares; y por otra el hotel Ritz de Barcelona, sin llegar a poder hacer efectiva la adquisición. Como se ha dicho, la gran reforma fue realizada por don Gabriel de Berga y Zaforteza, siguiendo la tendencia del siglo XVIII entre algunas familias de la nobleza. En el caso concreto de Can Berga, deberíamos hablar más que de reforma, de reconstrucción, pues se modificaron por completo las estructuras de la casa, cambiando la entrada principal, el patio, la escalera?

De hecho, muchas de las piezas escultóricas más relevantes (portales labrados, escudos, capiteles?) proceden de otros edificios que poseía la familia de Berga en Palma, mayoritariamente de Can Berga de Cort o de Can Valentí Sestorres, que había sido demolida. Can Berga se distribuye en las tres plantas clásicas de las casas mallorquinas de estas características: planta baja, planta principal y porches. A pesar de esta distribución, la fachada no responde a la tipología tradicional de las casas señoriales del Palma. Ésta se articula simétricamente a partir de un portal de entrada de medio punto y blasonado con un hermoso escudo -de los mejores ejemplos de heráldica gentilicia del país-, de dimensiones nada desdeñables, con las armas de la familia Berga, es decir, cinco medias lunas.

La colocación en su día del escudo de Berga en el portal no estuvo exenta de polémica. Hubo un pequeño revuelo entre los miembros de la nobleza palmesana porque don Gabriel de Berga hizo labrar, al escultor Juan Deyà, en la parte superior de la piedra armera una corona de marqués, a pesar de no poseer título nobiliario alguno.

El elemento que rompe definitivamente con el discurso arquitectónico tradicional en la fachada es el balcón longitudinal de piedra, siendo el balcón de Can Formiguera, hecho construir por el comte Mal con el pasamanos de madera, el único precedente conservado. Este balcón es anterior a la reforma de don Gabriel de Berga, habiéndolo mandado construir su tío abuelo, don Nicolau de Santacilia, antes de convertirse esta fachada en la principal.

El patio es el otro gran protagonista de la casa y que tanto por sus dimensiones, como por su discurso iconográfico responde a los grandes patios señoriales del siglo XVIII. Su escalera arranca con un tramo y al llegar al primer rellano se desdobla en dos derrames que acceden a la logia. Esta escalera, que ahora se encuentra enfrente de la entrada principal, fue desplazada durante las obras realizadas para adaptar la casa a los juzgados, situándose su emplazamiento original a la derecha de la entrada. La logia lateral, de nueva factura, se construyó imitando la de la escalera durante las mismas obras. A pesar de esta larga historia de remodelaciones y restauraciones que ha ido sufriendo el edificio, Can Berga sigue siendo un monumento patrimonial de primer orden y su presencia hace más agradable nuestra ciudad.
Cinco medias lunas, al igual que en este escudo, pero sin estrellas y en sentido contrario.

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